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La camisa de Isaac

 

A Heroína Galeano Arango, mujer colombiana digna de su nombre.

A la familia Galeano Arango, a la memoria de Isaac y a los miles de desaparecidos en el país.

 

Del perdido, la camisa

Es 7 de diciembre de 2000. La familia Galeano-Arango espera que este día de alumbrado con el que se inicia la temporada navideña sea el primero de verdadera alegría decembrina porque el año pasado estaba muy cercano el recuerdo amargo del terremoto y la celebración fue muy fría. La memoria de los muertos en la catástrofe se hacía sentir y esa navidad estuvo marcada más por la nostalgia que por la esperanza.

Es un balde de agua fría la información que la madre le da a Heroína cuando acude a preguntar si Isaac estará esa noche para prender con él unas velitas como hacían cuando niños. «Salió para el campo en la mañana, dijo que iría por los lados de Quebradanegra, pero no sé más, esperemos que llegue así sea tarde en la noche». «Eso es que se fue de rumba», manifiesta la hija. «No creo mija, él se fue con botas de caucho y nadie se va a un baile con esa pinta», responde la progenitora con un quiebre de la voz que revelaba angustia por la suerte del hijo.

Heroína se retira del parqueadero que por su ubicación en los límites de la ciudad con el campo es a la vez lote en que tienen unas vacas y residencia de Rosa Emilia y sus hijos Isaac, Claudino, Blanca Estrella y Lisímaco. Tiene cierta frustración por no poder compartir el alumbrado con su hermano favorito y se retira diciendo que volverá el día siguiente. Al regresar a primera hora de la mañana la recibe Rosa Emilia y en medio del llanto le informa que un muchacho que no conoce había venido con la camisa de Isaac y le dijo que ambos fueron a una finca por los lados de la vereda Quebradanegra a reclamar una plata; que él había escapado, en tanto Galeano fue capturado por personal de la Sijín. Ya entre gimoteos fuertes y convulsivos, la progenitora expresó con voz apenas audible:

— Presiento que me mataron a mi Sarito. Hasta pudo ser ese mismo joven que vino a dar la noticia.

— No, mamá. No nos apresuremos, averigüemos a ver qué sucedió. En todo caso el muchacho no debe haberle hecho nada porque no tendría

 

Avatares de la justicia

Es 2013 y todavía está fresca la herida honda que dejó la absurda muerte de Blanca Estrella, pero Heroína confía en que muy pronto la justicia declarará la responsabilidad de los procesados y en que éstos confiesen cómo sucedió todo. Esa ilusión se hace trizas el 4 de marzo cuando el Juzgado Penal del Circuito de Calarcá, si bien admite que hubo el retén, que Isaac estuvo en el momento y lugar y que sin duda fue en esas circunstancias que se le vio por última vez con vida, le da más credibilidad a los argumentos y pruebas de la defensa. En consecuencia, los absuelve y ordena la libertad de los detenidos.

Este baldado de agua fría hunde a la familia Galeano-Arango en la desesperanza y crecen los llamados a la resignación y a «dejar así». Heroína no decae en su ánimo, ni siquiera al saberse que no prospera la apelación presentada por sus abogados. Dice a sus parientes que todavía existe el último recurso ante la Corte Suprema de Justicia y que sus representantes están en eso.

En una de las muchas ocasiones en que discute la situación con sus hermanos deja en claro que con ella no van las medias tintas ni mucho menos el abandono del juego:

— En juego largo hay desquite —dice con énfasis utilizando uno de los dichos populares que suele introducir en sus diálogos—, tenemos que seguir en esto, así me toque litigar ante la Corte Celestial. Ahora no es solamente por Isaac, es un tema de dignidad de toda la familia. También tiene que ver con la memoria de mamá, que se fue de este mundo sin saber la suerte de él, sin poder hacerle un entierro ni nada, y hasta con el recuerdo de Blanca.

En seguida les explica que siendo muy importante que se condene a los responsables, lo decisivo sigue siendo que aparezca el hermano, vivo o muerto, que se sepa la verdad y que el estado responda. Agrega que a eso siguen dedicados los abogados que la asisten y que tanto la demanda ante la justicia que tiene que ver con lo administrativo como la internacional siguen marchando.

— Amanecerá y veremos, dijo el ciego —replica Claudino, uno de los hermanos que no quiere quedarse atrás de la líder en materia de refranes.

Y en efecto amaneció y vieron cinco años después como el Consejo de Estado, máxima autoridad de la justicia de lo Contencioso Administrativo revoca la sentencia del Tribunal Administrativo del Quindío que había negado la demanda de la familia que pedía la declaratoria de responsabilidad del estado por la desaparición y la consiguiente condena de perjuicios.

En su decisión el alto tribunal declara responsable a la Nación —Ministerio de Defensa-Policía Nacional— por la desaparición forzada de Isaac Galeano, ordena pagar indemnización a sus familiares y otras medidas de reparación. Entre éstas la realización de un reconocimiento público de responsabilidad en un acto conmemorativo en el que la entidad deberá ofrecer disculpas y la instalación de una placa de bronce en el último lugar en el que fue visto Isaac con un texto en el que se relate como sucedieron los hechos y se mencione expresamente la responsabilidad de la Policía y se diga el compromiso de la institución de no volver a cometer hechos como ese.

Al reunirse la familia para recibir la noticia, no salen del asombro al escuchar las palabras que, con tartamudeo producido por la emoción, la solemnidad de algunos términos y la poca costumbre, más que leer, parece recitarles la hermana mayor:

« …no se hallan pruebas por las cuales se acredite que la desaparición del señor Isaac Galeano Arango ocurrió como consecuencia de un ajuste de cuentas de sus cómplices, al contrario, tal como se señala por la Fiscalía en la resolución, los miembros de la banda de extorsionistas se encontraban detenidos o huyendo de las autoridades, de manera que no era factible que se tratara de una venganza personal, de la que no se probó ningún supuesto. Tampoco se aportó prueba alguna por la que se acreditara que el mencionado fue aprehendido por otras personas o que se le haya visto en circunstancias distintas a las narradas por los testigos… Pretendió la parte demandada restar relevancia a la denuncia de los demandantes indicando que esta fue tardía con relación a la fecha de la desaparición, sin embargo esta actitud encuentra plena justificación, si se tiene en cuenta que desde un primer momento fueron las autoridades las señaladas de desaparecer al señor Isaac Galeano Arango. Ante este escenario, es lógico que las personas no sepan a quién acudir, pues es precisamente el Estado, garante de sus derechos, quien se muestra como el infractor, dejando desprotegidos a los ciudadanos ante sus reclamos de protección. De modo distinto, la actitud de la institución, por la que determinó no participar en la búsqueda del señor Isaac, además de mostrarse sospechosa, choca con la actuación desplegada por el agente Pedro José Barreto Pedreros que, por iniciativa propia y prevalido de autoridad, es decir, sin que le fuera asignada esa misión de trabajo, pero en ejercicio de una función pública, acudió a la zona en la que ocurrieron los hechos a recaudar material probatorio. Aunado a esto, en el desarrollo de la audiencia de fallo, la parte civil dejó constancia de la actitud de los procesados, quienes tomaron fotos a los familiares del desaparecido, circunstancia a todas luces intimidante, causante de miedo, revictimizante e inaceptable. »

— ¿Cómo le quedaría el ojo al Barreto ese que quiso descalificar al testigo John Jairo por haber visto a distancia de veinte metros a Isaac en la camioneta de la Sijín, burlándose dizque del ojo biónico de ese declarante?, esto deja muy claro que es verdad lo que siempre denunciamos y que los campesinos podemos ver muy bien hasta de lejos- dice el gorrión lector tomando un respiro y apurando un trago de agua.

— El ojo debe haberle quedado morado, pero en un cuerpo libre, porque esa gente salió de la cárcel y la justicia responsabiliza a la entidad y no a ellos —comenta Claudino con amargura.

— No siempre se gana todo. Lo importante es que se reconoce que fue la policía y se ordena una compensación además de económica, moral con la placa y las disculpas que deben pedir. Fíjense que también dice que esas disculpas son si nosotros como afectados damos el consentimiento. O sea que por fin nos tuvieron en cuenta y nos tratan con respeto. Eso del consentimiento en las disculpas es lo que tenemos que decidir nosotros que somos demandantes. Pero déjemen les leo otro poquito de lo que dice el Consejo de Estado porque esto está muy sabroso-responde Heroína y entona así:

« … la desaparición del señor Isaac Galeano Arango es imputable a la administración, pues los indicios y demás pruebas recaudadas así lo demuestran. Ello, en cuanto los agentes de la SIJIN estuvieron ejerciendo control en el último lugar al que la víctima se dirigía y en donde, en efecto, fue visto por última vez, aunado a que los testigos que lo vieron bajo la custodia de las autoridades son contestes y describen de la misma manera la forma y condiciones de la aprehensión. »

En medio de gran regocijo acuerdan dar su consentimiento a las disculpas, pero aclarando que no es perdón y que siguen exigiendo verdad total y sobre todo que aparezca el cuerpo para darle el último adiós.

— No quiero ser aguafiestas, pero sí me sigue mortificando la inquietud de por qué le hicieron eso los tipos a nuestro hermano, si el hombre trabajaba en torcidos con ellos —dijo Claudino en voz baja, apenas audible, como si le apenara tocar un tema prohibido.

— Humm… Es verdad que es un punto maluco para nosotros y que en casa del ahorcado no se nombra la soga; pero no es un secreto que el hombre andaba en malos pasos y se le advirtió. Ya le dije a un fiscal que no era ningún angelito, pero el punto no es ese, el tema es que si hizo algo malo es la justicia la que debía definirlo y no esos miserables desapareciéndolo. Yo sospecho que lo hicieron porque como se dice «sabía demasiado» y en algún momento para salvase podía delatarlos y decir que trabajaba por orden de ellos. O tal vez ya estaba de rueda suelta o muy quemado y les convenía deshacerse de él-dijo Heroína en forma tan tajante que todos entendieron que era mejor no seguir removiendo esa parte del asunto.

 

Foto tomada por Heroína Galeano

Al despertar, la camisa todavía estaba ahí

Un día más en la vida de Heroína. Al despertar siente la carga abrumadora de la cruzada por justicia y verdad en que está empeñada desde hace dos décadas. El peso de los años que se le han venido viniendo encima de manera más notoria desde el 2000 se hace sentir cada vez más fuerte en las mañanas.

Hoy, 2020, un nuevo día séptimo del último mes del año, meses después de la reconfortante sentencia, al ver que por dilación de la Policía y por maniobras de los acusados que presentaron una acción de tutela contra el último fallo, no pudo hacerse la ceremonia de disculpas como se había ordenado, un sabor amargo se apodera de ella. Como cada día, antes de empezar su rutina, mira la camisa de Isaac instalada en una percha que tiene la forma de los atriles en que se instala un libro sagrado, mitiga un tanto la visión negativa que se estaba apoderando de su ánimo y deja que en su mente vuelen estas reflexiones:

« Sé que la justicia es algo complicado, pero sigo sin entender que para una parte esa gente sea culpable y para la otra no. Tampoco entiendo cómo es que si un juzgado dice que Isaac fue muerto dos días después de que lo desaparecieron y que el cuerpo es el que encontraron 11 años después, todavía no lo identifican totalmente y no nos lo entregan. Hace poco los de la fiscalía estuvieron en el cementerio de Zarzal, pero en vez de sacar el cuerpo solamente tomaron unos planos y se fueron. Sí, faltan otros exámenes y todo eso, pero son los restos hallados en el sitio que dijo la culebra y está en un cementerio que es algo que también maneja el gobierno. La muerte de Isaac me duele, pero puedo aceptarla porque todos nos vamos a morir algún día. Lo que más me duele es la impunidad, que esa gente que lo mató esté tan tranquila y que los del estado no hayan podido resolver el caso en tanto tiempo. Esta lucha ha servido porque si así peleando no se ha conseguido todo lo que se buscaba, qué tal si no nos hubiéramos movido. Además, gracias a este caso se destaparon muchísimos otros de desapariciones y, lo más importante, como ese grupo de policías, tal vez para calmar un poco las cosas, fue trasladado, ya no se ve eso tan horrible que venía sucediendo en la zona.

» Estoy muy cansada, pero en ningún momento dejaré de insistir en la verdad y justicia ni en la aparición de mi hermano, así sean los meros huesos. Si mi testimonio sirve para que otras personas y familias que pasan por situaciones parecidas no se callen, todo esto habrá tenido algún sentido. Confío en que con la ayuda de Dios resplandezca la luz de la verdad y que se haga justicia no solo con Isaac, sino también con tantas otras personas que siguen vagando en las tinieblas de la desaparición».

El eco de estas palabras, unido a una suave brisa que entra por la ventana, agita levemente las mangas de la camisa, que parece esperar a su dueño con la esperanza de que muy pronto regrese de las sombras de noche y niebla a las que fue condenado y pueda por fin descansar en paz.

Bogotá D.C., diciembre de 2020.

La anterior es una selección de tres apartados del libro titulado 
La camisa de Isaac (Uniediciones, 2021, 80pp.)

Jaime Jurado Alvarán
Manizales 1956. Abogado y magíster en análisis de problemas políticos yeconómicos 
internacionales. Profesor universitario. 
Obras publicadas: Código Disciplinario del Abogado, un paso adelante, dos atrás (2007); 
Control fiscal y debido proceso (2011); Fuego en el desierto frío (2013), 
Fuga en silla de ruedas y otras crónicas indias (2015), Jaguar y el falso positivo (2018), 
Niños lejanos: vuelta al mundo en seis cuentos (2018). 
Mención de honor en la Primera Maratón Literaria, La Candelaria Lee y Escribe 
organizada por la Alcaldía Local de la Candelaria, Bogotá 2012 con los textos 
Prolegómenos a una aproximación propedeútica del metarrelato de la acreditación y 
Carta al encuentrocolombo-árabe. 
En algunos escritos utiliza los seudónimos Emiaj Odaruj Naravla, Jimmy Nutmeg o 
Ramón Salas NomarEl Palindrómico.

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